Carta a la maestra de mi hija

La mayoría de los padres tenemos la ilusión de que nuestros hijos tengan éxito en sus vidas. Soñamos con ese primer día de escuela, aunque con nerviosismo, pero con la certeza de cuán importante es la educación. Y no se confunda, entiendo que la educación primera y más importante empieza en casa. Por ello procuramos que nuestras hijas fueran preparadas a la escuela, escribiendo, leyendo y conociendo todos los principios básicos del aprendizaje. No solo las preparamos académicamente si no en el área social, pues sabemos que las relaciones interpersonales son muy importantes, tratamos de preparar sus corazones para enfrentarse a las buenas experiencias y a aquellas que pudieran no serlo. Les enseñamos la importancia del respeto al prójimo sin excepción alguna.

En casa tenemos un alto respeto a los educadores y entendemos que el éxito escolar de cualquier niño debe ser una combinación de padre/madre, maestros y escuela. La comunicación es vital. Dejamos a nuestros hijos con la confianza de que estarán en buenas manos. Con personas que aman y están comprometidas con su profesión. Creo en los maestros que dejan huellas positivas e imborrables en la vida de sus estudiantes.

Sé por vivencia personal lo difícil que es lidiar con las malas experiencias en la escuela, sé lo que es ser víctima de bullying y lo que callamos por temor. Pero también sé lo que es ser empoderada por maestros/as que van más allá de enseñar una materia. Tengo claro que la mayoría tiene como objetivo ver a sus estudiantes no solo aprender y pasar el año escolar con éxito. El compromiso va más allá. De primera mano soy testigo de cómo un buen maestro se puede convertir en mentor, en inspiración y en parte de la audiencia que se pone de pie y aplaude el éxito del estudiante, aunque ya no sea su alumno. Un buen maestro también corrige con amor en el aula, procura no humillarlo en público y nunca tratar diferente a ninguno de sus estudiantes.

Mi hija tuvo un año escolar con éxito en el área académica. Nos pusimos de pie y la ovacionamos, no solo por sus “awards”, si no por lo difícil que fue lidiar con tantas injusticias a lo largo del año escolar. Como padres sabemos lo que cada uno de nuestros hijos es capaz de dar y no con una venda en los ojos enceguecidos porque son nuestros hijos. Con objetividad miramos sus cualidades, talentos y aspiraciones. No lo decimos nosotros, sus exámenes y su esfuerzo hablan por sí solos.

Usted pudo tratar de opacar sus talentos, su inteligencia, tenerla de menos, no fue imparcial en momentos de vital importancia. Le negó premios y reconocimientos que se me merecía, aunque al final no tuvo más remedio que reconocerlos. Claramente demostró que tenía preferencia con ciertos estudiantes. Hasta el último momento no fue capaz de mostrar su “profesionalismo”. Como padres hicimos nuestra parte. Hablamos con usted, con la administración de la escuela y hasta con los más altos ejecutivos del distrito escolar, nunca recibimos una respuesta concreta que pudiera darle solución a la situación. Estuvimos aún más de cerca al pendiente de todo lo relacionado con nuestra hija en el área social y académica.

A pesar de todo esto le puedo decir con certeza que mi hija hoy es más fuerte. No pudo opacar su inteligencia que habla por ella sola, su autoestima es firme y sabe que su valor como persona no se define por unos números, ni por lo que los demás puedan decir. Lloramos en silencio con ella, la apoyamos, la defendimos y la empoderamos cada día.

No logró su objetivo señora, no perdemos la fe en los buenos maestros. Somos más fuertes y unidos como familia. Hizo que como padres estemos más preparados para enfrentar este tipo de situaciones y así poder ayudar y apoyar a otras familias.

Gracias por hacernos más fuertes, más valientes y más comprometidos no solo con nuestras hijas, si no con la sociedad. Logró arrancarnos lágrimas, pero no logró paralizarnos.

Por último, tenga presente lo que Nelson Mandela dijo; “La educación es el arma que puedes usar para cambiar al mundo”. Ojalá algún día usted pueda entender el verdadero significado de esto.

Escrito por: Tamar Báez