¿Te gustaría conocer a un niño que tenga un padre realmente bueno? Verás uno cuando te mires en el espejo.

“Porque el Espíritu que Dios les ha dado no los esclaviza ni les hace tener miedo. Por el contrario, el Espíritu nos convierte en hijos de Dios y nos permite llamar a Dios: «¡Papá!”.

Romanos 8:15 (TLA)