Para ganar, tenenos que soltar…

valiente

“Adiós, adiós Borinquen querida”… Exactamente 16 años atrás mirando por una ventana de avión con nostalgia, pero mucha determinación le dije hasta luego a mi Isla. Pero no solo le dije adiós a mi país sino a mis miedos, complejos, dudas y tabúes. Aún sin saberlo con certeza estaba emprendiendo un viaje para encontrarme conmigo misma. No lo supe de inmediato, me ha costado años, muchas lágrimas y muchos desiertos. Claro que no solo han sido momentos difíciles. He experimentado las alegrías más grandes que jamás me imaginé vivir. No fue fácil decidirme a hacerlo, en especial porque por situaciones muy personales mi familia no sabía de mi viaje.

 
Eso es lo primero que tuve que soltar, a pesar de las muchas críticas, insultos y demás. A pesar de que no estuvieron de acuerdo (por razones que entiendo y respeto), muy dentro de mí tenía la certeza que era lo correcto. “Perdí” amistades, muchas se enojaron, otras se burlaron y muy pocas a pesar de no entender me respetaron. Comencé una nueva vida. Como les dije anteriormente las alegrías más grandes adornaron mi rostro con una gran sonrisa, me iluminaron el alma y me dieron una nueva razón para ser mejor cada día. Mi vida cambió radicalmente no solo porque ahora era una mujer casada con un guapo que no es de mi país, sino porque la ciudad donde llegué era muy diversa y rica en cultura. Eso fue muy difícil también, pero a la misma vez aprendí a respetar las diferencias (aún más que cuando fui misionera).

 
A pesar de vivir en un área dónde la mayoría era hispana, sufrí insultos y muchos malos ratos. Ser la minoría fue una desventaja. Pero lo superé, gané ser más tolerante y ponerme en el lugar de los demás, en verdad que me ayudó a moldear mi carácter. Llegué con todas las ganas de culminar mis metas y cumplir mis sueños. Por eso en
menos de dos meses ya estaba estudiando, había solicitado en la Universidad y aprendiendo el idioma inglés (por qué lo básico no era suficiente).

 
Con mucha frustración decidí no ingresar a la Universidad a pesar de haber sido admitida, no acepté que mis créditos fueran solo reconocidos como electivos. Fue muy triste para mí, pero no me di por vencida. En la escuela dónde había estudiado me ofrecieron varias plazas muy buenas de trabajo, tuve muchas oportunidades en lugares con posiciones realmente envidiables. Pero otra vez tuve que decidir entre ser profesional y madre. No tenía familia, no me daba confianza dejar a mi hija en ninguna guardería y no tenía a nadie de confianza. Entonces decidí ser administradora de mi hogar, maestra particular de mi hija y forjadora con intención de las futuras generaciones. Si tú que me lees eres profesional o trabajas, no me mal interpretes, no tiene nada de malo dedicarte a tu profesión y/o trabajo, te felicito por ello. Mi decisión no fue tomada a la ligera fue de mutuo acuerdo.

 

“Perdí” buenos trabajos, pero gané memorias que jamás podrán borrarse además de la pasión por la educación. Una de esas memorias fue el tener el tiempo no solo de enseñar a leer y escribir a mi pequeña, si no tener el privilegio de enseñarle también a una vecina que no tuvo la oportunidad de ir a la escuela. No puedo describir la satisfacción e inmensa alegría de verla escribir y leer.

 
Podría seguir escribiendo, los años han pasado y soy madre de dos hermosas niñas que he tenido el privilegio de cuidar y educar. Mis dos hijas ingresaron a la escuela leyendo y escribiendo. Muy orgullosamente puedo decir que son bilingües completamente y que tienen a su corta edad una visión de lo que quieren estudiar y ser en el futuro. Saben lo que valen no por lo que tienen materialmente, si no por su esencia. Tienen presente que nunca deben depender de nadie. He trabajado secularmente y sigo estudiando. Estoy trabajando para cumplir una de mis mayores metas. Ves pareciera que he perdido mucho, pero en realidad he ganado más de lo que pudiese expresar. He soltado muchas cosas, pero realmente he recibido más de lo imaginado.

 
Tengo material para escribir un libro con muchos capítulos. Uno de ellos sería el tema de mi época cuando casi pierdo la vida producto de unas hemorragias. Tuve demasiadas transfusiones y tuve que soltar la posibilidad de volver a convertirme en madre. A pesar de no tener nada maligno en mi cuerpo, gracias a Dios, tuve que decidirme por una histerectomía, sin ninguna garantía de que el problema se iba a solucionar. Casi cuatro años después puedo decir que, aunque “perdí” y lloré mucho, gané mucho, mucho más.
Mi intención con este escrito no es convencerte de algo o que vivas o tomes las decisiones que tuve que tomar en un momento determinado. Mi único propósito es poder compartir mis experiencias como un ejemplo de que, aunque a veces la vida toma un giro que no planeamos ya sea por nuestras decisiones o por que simplemente tenemos que vivir ciertas experiencias con un propósito, no es nuestro final. Nos toca soltar sí, pero para ganar. Todo depende de nuestra actitud, eso es una de las cosas que he aprendido. La actitud que tomemos en cualquier circunstancia determinará cuán difícil o fácil será de sobrellevar.

 
Espero puedas reflexionar al respecto. Si este escrito ha sido de alguna manera de ayuda, por favor compártelo y déjame tus comentarios. Me encantará leerlos e intercambiar ideas.

 
Escrito por: Tamar Báez

 

 

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