Arranquemos el rosal

Me encantan las rosas. por eso hace unos años mi esposo plantó un rosal en nuestro patio. Cada vez que salía y veía las hermosas tonalidades de colores sonreía. Más de una persona me ha comentado lo bonito que se ve cuando florece. Ese rosal ha soportado el clima de Houston,el inmenso e insoportable calor del verano,las temperaturas bajas del invierno y una que otra rídicula y escasa nieve. Ese rosal ha aguantado de todo, tengo que confesar que no se ha cuidado como es debido. Nuestra agitada vida nos ha hecho pasarle por el lado y no podarlo o inclusive regarlo. Pero ese rosal aguantador ahí ha estado,dándo su mejor espectáculo y haciéndo de esa esquina en mi jardín una diferente. Sin embargo todos sabemos que por hermosa que sea la  rosa,siempre tiene espinas. He tenido varias experiencias nada agradables  con ese rosal que me han borrado la sonrisa y el gusto de tenerlo. 

Un día llegué al punto de no querer ni verlo,evitaba a toda costa estacionarme cerca de él y si tenía que hacerlo hacía mi mejor melodrama de ignorarlo. Recientemente le dije a mi esposo que ya no quería verlo “arranquemos ese rosal”,su expresión fue de sorpresa,pero a los pocos minutos se acordó de mi mala experiencia con él y dijo al final es tuyo “arráncalo”,entre seria,frustada y con una leve sonrisa le contesté que muchas veces he querido hacerlo,pero cuando estoy decidida me acuerdo de las espinas  ( de otras razones,por las cuáles no me gusta también) y me detengo. He estado con la idea de eliminarlo por mucho tiempo y creo que ya llegó la hora. Empezamos a hacer cambios  en el interior de la casa y ahora decidimos que le toca al exterior. A lo mejor para los expertos en jardínes no es la mejor época para ello,pero en ocasiones los cambios son justos y necesarios. Ya es oficial que no quiero más ese rosal,es hora de plantarlo en otro lugar,por supuesto  otra área en nuestro jardín. 

Entendí que el problema no es de ese pobre rosal,al fin de cuentas yo fuí la que escogió el lugar donde sería plantado. Sólo me fijé en lo lindo que era,en ese color tan bello que tienen sus flores,pero me olvidé de que crecería,también me olvidé de sus espinas. Esta situación en mi patio me llevó a meditar en tantos “rosales” que tenemos en nuestra vida. 

Yo pude haberme estacionado en otro lugar, escogido un mejor lugar para plantarlo o simplemente no pasar a toda prisa por ahí. Pero fué mi decisión. Decidí seguir sufriéndo, enojándome y alucinándo esas flores. Desde el primer momento que me lastimó hubiése tomado acción otra sería la historia. Ese rosal llegó inesperadamente,fué una sorpresa. En ocasiones así pasa en nuestra vida,los procesos que pasamos son producto en su mayoría por decisiones mal tomadas,claro que nos tocará momentos que tenenos que vivirlos para nuestra crecimiento,son parte del regalo llamado vida. Pero la clave está en como reaccionamos a ellos. La decisión está en nosotros. El tiempo que dure también. 

Tenemos la opción de quejarnos,llorar o reconocer la situación,aceptarla y aprender de ella. La naturaleza misma nos habla a veces sin darnos cuenta. Les dije que ese rosal no ha recibido los mejores cuidados,pero siguió floreciéndo. He llegado a la conclusión de que ese testaduro rosal,tiene unas raíces super fuertes o simplemente no se dejó vencer por esos dueños tan ocupados. Se ha puesto más frondoso,no se marchitó. Ciertamente Dios ha tenido cuidado de su creación. 

Si todavia no crees solo dale un vistazo a esos lugares dónde han pasádo desastres naturales,vuelven a reverdeser,no igual que antes,jamás lo serán. Ahora brillan con el esplendor y la fuerza que solo se obtienen en las peores tormentas. 

Los procesos tienen como fin transformarnos,nosotros decidimos cómo reaccionar ante ellos.En mi proceso  aprendí a ser más independiente,solidaria y receptiva aún a las críticas no constructivas.Aprendí a retener lo bueno y desechar lo malo. Aprendí a dar lo mejor de mí sin esperar lo mismo de los demás (porque cada cuál da de lo que tiene).
Muchos me dicen que ya no soy la misma y ciertamente así es,no podré jamás ser igual (mi esencia sí lo es),pero con mayor madurez y determinación.
He experimentado el dolor físico y emocional,he experimentado triunfos y fracasos,he experimentado la traición y la lealtad,he experimentado la abundancia y la escasez, y podría seguir enumerándo,pero me límito a decir que en cada proceso he aprendido,he crecido y que Dios jamás me ha abandonado.
Hoy me extiéndo sin miedos,dudas o lágrimas de tristeza. Hoy sonrío en grande y abrazo con expectativa la mujer emprendedora en la que me he convertido. Te invito a que hagas o mismo. 

Tienes dos decisiones quejarte en el proceso o sonreír a pesar de las circunstancias. Aprendamos de ese rosal  que sigue floreciéndo…

Recuerda también que todo aquello noscivo para tu integridad debes no solo moverlo sino eliminarlo por completo,de ésto se tratará mi próximo escrito…

 

 

Escrito por: Tamar Báez

 

 

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